La apuesta de Recoba de ir con Zúñiga y Woiski desde el principio le rindió sus frutos. Los dos extremos, desplazándose por la parte alta, haciendo presión sobre la salida del equipo de Héctor Pablo Bidoglio, le permitió a Carlos Sosa tener todas los balones del primer tiempo para avanzar la ofensiva aurinegra que terminó por doblegar la valla litoralense con una pelota profunda de Sosa sobre el gavilán Pollero que, en esta oportunidad supo sortear el barrido de Cristopher Varela para poner la primera anotación para el Deportivo Táchira cuando se jugaba el minuto 6.
Hubo algo que se hizo diferente. El carrusel, antes de relajarse y dejar que la Guaira hiciera el gasto en pos del empate, siguió aprovechando los desaciertos del local y al 21 era Carlos Sosa que aprovechaba una asistencia de Woiski para mover la pizarra a 2.
Ha sido, quizá el mayor momento de gloria vivido por el equipo de Recoba que dejaba atrás aquella imagen triste que venía mostrando para convertirse en una maquinaria engranada dispuesta a arrollar a un rival totalmente desencajado.
Las acciones de peligro seguían saliendo de la visita que erró en varias oportunidades situaciones apremiantes que le hubieran permitido poner el juego en el congelador.
Al minuto 33 se produce el gol que acercaba a La Guaira mediante el cobro de una pena máxima que el árbitro Herrera concedió en contra del reglamento. El encargado de la ejecución fue Juan Castellanos quien disparó a media altura del lado derecho de Araque que, por poco añade una atajada más a su historial de adivinador.
El cuadro del litoral volvía momentáneamente al compromiso, pero el Gavilán Pollero que andaba al acecho en el rectángulo de la UCV, encontró un rebote propiciado por el mismo para bajar el impulso producido por los naranjas y de nuevo puso 2 de por medio al cierre de la primera parte.
Los guaireños tomaron la iniciativa en el comienzo del segundo tiempo. Táchira manejaba los lances ofensivos de los costeños y cedía espacios en los tres cuartos de cancha. Zúñiga y Caraballo parecían faltos de fondo mientras Sosa y Woiski defendían atacando.
En ese ir y venir surgió el recambió de Bidoglio. Fabián Londoño quien había entrado como alternativa para tratar de aprovechar el bajón tachirense, propició una internada por el costado derecho de la portería visitante para poner el juego al rojo vivo. Faltaba mucho tiempo y llegaron los cambios de parte de ambos bandos. Recoba conservaba a Woinski hasta el final y el chamo se lo agradeció con el gol de la tranquilidad al minuto 34 cuando La Guaira amenazaba con desdibujarle la sonrisa al banquillo tachirense.
Finalmente el 4 x 2 le da un respiro al carrusel que tendrá que demostrar en Pueblo Nuevo que los 4 goles no fueron cuestión de buena suerte, ni de un estado de ánimo subido de revoluciones. Táchira demostró que se puede ser contundente, poniendo el sudor primero que las lagrimas.