«Lo buscamos anheladamente y no se nos dio. La clasificación por primera vez a un Mundial de fútbol, más que un deseo, se tornó en obsesión en medio de las facilidades que dio la FIFA al ensanchar el cupo mundialista para 48 seleccionados. Venezuela se quedó a las puertas, mientras que a 50 kilómetros de nuestra plataforma continental, un diminuto país desataba la fiesta de los Tambú tumba al convertirse en el país con menor densidad demográfica en lograr un boleto a la fiesta Fifa, Estados Unidos, México y Canadá.

Curazao le arrebató a Islandia la titularidad  de ser el país menos poblado en acudir a un Mundial. De como lo hizo, lo presenta el diario ABC de España, en un trabajo que nos resulta de mucho interés y que se los presentamos en las páginas de full-deportes.com

Diario ABC.

El golazo de curazao:

Nunca un país con tan poca gente había jugado un mundial. Curazao, una isla más pequeña que Ibiza y con solo 185.000 habitantes, ha despertado la curiosidad del planeta fútbol. Viajamos hasta allí para desentrañar las claves de este cóctel con ADN neerlandés y alma caribeña

Mario Heller y Fernando Goitia | Fotografías: Mario Heller

Estadio Independence Park, en Kingston (Jamaica). En las gradas, 200 curazoleños frente a 35.000 jamaicanos. Jamaica necesita la victoria para jugar su segundo Mundial. A Curazao le basta con empatar para disputar el primero. Para los miembros de la llamada ‘Familia Azul’ la consigna está clara: «resistir», como si los futbolistas del diminuto país, colonia neerlandesa durante casi 400 años, fueran guerrilleros de una revolución caribeña de otros tiempos.

El Mundial ha desatado la fiebre nacional por el fútbol. Tras la clasificación, en tres días se vendieron en la isla cien mil camisetas de la selección. La más apreciada, la del capitán Leandro Bacuna (tercero por la dcha., arriba), centrocampista de 34 años que jugó diez en la Premier y lleva dos en la Liga turca.

Los jugadores aguantan replegados el asedio jamaicano, agónico hasta el último de los diez minutos de descuento concedidos por el árbitro. Agotados por la humedad y los 25 grados de la noche jamaicana, el pitido final suena a gloria; justo lo que acaban de alcanzar. Abrazos, llanto, gritos de alegría, futbolistas de azul dejándose caer sobre el césped; todavía les cuesta creerlo. Pero es cierto. La diminuta Curazao, país constituyente dentro del Reino de los Países Bajos según su estatus legal, jugará un Mundial por primera vez.

Patrick Kluivert, exjugador del Barça e hijo de curazoleña, fue el primer entrenador de renombre de ‘la familia azul’. En 2017 ya ganaron la Copa del Caribe

Suceden así a Islandia, la nación menos poblada en clasificarse para una Copa del Mundo hasta el pasado 18 de noviembre, día de la gesta caribeña. En Rusia 2018, aquel ‘milagro islandés’ dio a conocer al mundo entero el aplauso vikingo, sincronización acelerada de palmas y gritos rematados con un gutural «¡Huh!». Ahora los hinchas de Curazao aspiran a emular semejante impacto con la ‘tumba’. Más sensual, así se llama el ritmo nacional de Curazao. Sus 185.000 habitantes –bueno, alguna excepción habría– danzaron durante dos días de fiesta nacional este baile sincrético de raíces bantúes y mandingas, aderezado con merengue, jazz latino y calipso, para celebrar que su selección y sus seguidores danzarán la tumba en la edición número 23 de la Copa del Mundo que arranca el próximo 11 de junio.

Lennox Mauris, entrenador del CRKSV Jong Holland, jugó en la selección de Antillas Neerlandesas y fue asistente del seleccionador cuando Curazao ganó su primer título: la Copa del Caribe 2017.

Un grafiti del portero Ergilio Hato, el mejor futbolista en la historia de la isla, en la fachada del estadio con su nombr, donde juega la selección. Apodado Pantera Negra, fue tentado por clubes como el Real Madrid, Ajax y Feyenoord. Dcha. Lennox Mauris, entrenador del CRKSV Jong Holland, jugó en la selección de Antillas Neerlandesas y fue asistente del seleccionador cuando Curazao ganó su primer título: la Copa del Caribe 2017.

Un grafiti del portero Ergilio Hato, el mejor futbolista en la historia de la isla, en la fachada del estadio con su nombr, donde juega la selección.

Entre los que más han celebrado este triunfo está uno de sus artífices, Gilbert Martina, el presidente de la Federación de Fútbol de Curazao, que ha transformado un sueño imposible en realidad. Martina se unió a la Federación como asesor en 2002. Ingeniero químico, consejero delegado de una compañía de seguros y sin experiencia en el mundo del deporte, su primer objetivo era conseguir patrocinadores, pero, poco a poco, fue implicándose en todos los aspectos, desde los estadios hasta los jugadores. Y un día se propuso un objetivo: llegar a competir en un Mundial. Entonces sonaba descabellado. «Amo los grandes sueños –explica Marina–. Adoro los grandes planes. Pero mi abuelo decía: ‘En cada cementerio hay planes excelentes’. Y esto no era un plan para terminar en un cementerio. Teníamos que hacerlo realidad».

Un campo de la Primera División de Curazao. Aquí juega el Jong Colombia, ganador de 12 Ligas y fundado en 1951 en la localidad de Sint Michiel.

Un campo de la Primera División de Curazao. Aquí juega el Jong Colombia, ganador de 12 Ligas y fundado en 1951 en la localidad de Sint Michiel.

Y lo hicieron. La selección, que apenas una década atrás andaba perdida más allá del puesto 150 en el ranking FIFA, eliminó a Haití, Jamaica y Trinidad y Tobago, los únicos caribeños que han llegado a una fase final, a excepción de Cuba, que alcanzó los cuartos de final en su única participación mundialista, en Francia 1938, ‘prehistoria’ en esto del fútbol. ¿Cómo ha sido posible?

Valdemar Marcha se sienta en la veranda de su casa, en la turística Jan Thiel. Antropólogo cultural, rector universitario, presidente de la aerolínea ALM y autor del libro 100 años de fútbol organizado en Curazao, Marcha lleva toda una vida dedicada a comprender Curazao. Sobre la mesa, una pila de libros llevan su firma. En la portada del de arriba, un hombre equilibra un balón sobre el dedo índice.

Gilbert Martina (izda.) preside la Federación de Fútbol de Curazao y dice que desea construir una selección nacional en torno a las personas y no al dinero.

Gilbert Martina (izda.) preside la Federación de Fútbol de Curazao y dice que desea construir una selección nacional en torno a las personas y no al dinero.

«Ergilio Hato –revela con gravedad–. La Pantera Negra». Portero fallecido en 2003 a los 77 años, Hato es el gran héroe nacional, el mejor futbolista que Curazao haya producido. Cuenta Marcha que Ajax, Feyenoord y Real Madrid vinieron a hacerle ofertas que rechazó. Nunca dejó la isla.

Marcha rememora el día de su infancia en que su padre lo llevó al estadio y vio jugar a Hato: «Medía casi dos metros y volaba como un pájaro». Al terminar su carrera en el histórico CRKSV Jong Holland, club fundado en 1919, el exportero fue asistente en el departamento de restauración de ALM, la aerolínea propiedad de Marcha. Allí se hicieron grandes amigos.

La mayoría de los jugadores tiene familia en Curazao, pero han nacido en Países Bajos. Algunos han conocido ahora la isla por primera vez

La mayoría de los futbolistas de la Familia Azul actual apenas conoce el país al que representan. Hijos de familias curazoleñas, casi todos han nacido en Países Bajos; y aquellos que vinieron al mundo en la isla se criaron o se formaron allí como jugadores. «Es el viejo dilema del huevo y la gallina –señala el exfutbolista Patrick Kluivert, seleccionador de Curazao en dos etapas: 2015-2016 y 2021–. Es cierto que los mejores de Curazao acaban en la Liga neerlandesa, pero también que, si no fuera por esa relación con Países Bajos, Curazao nunca jugaría un Mundial».

Muchos de los jugadores, de hecho, nunca habían visitado la isla hasta ser llamados a la selección. «Nuestros jugadores tienen un pie en el campo donde crecieron y aprendieron a pensar, sentir y actuar –explica Marcha–, y el otro en la tierra de sus padres y abuelos, que les transmitieron nuestros valores, normas, rituales, héroes y símbolos».

Cuando salen al campo, los jugadores protagonistas de la llamada ‘ola azul’ rezan. «Para agradecer que estamos vivos», explica Martina, el presidente de la Federación. No es algo solo religioso, «yo lo llamo un viaje divino. Es mágico. Cuando el universo se alinea con tu objetivo, entonces sucede la magia».

Patrick Kluivert, el hombre que, al convertirse en seleccionador en 2015, sentó las bases que han llevado a Curazao al Mundial.

Patrick Kluivert, el hombre que, al convertirse en seleccionador en 2015, sentó las bases que han llevado a Curazao al Mundial.

Y para llegar hasta aquí ha sido necesaria mucha magia. Curazao tiene un pasado marcado por el colonialismo y esclavitud. De los aborígenes caquetíos apenas queda rastro. Por su tamaño, Alonso de Ojeda, el conquistador que la añadió a la Corona española en 1499, la llamó isla de los Gigantes. Su fortaleza física pronto se convertiría en maldición al ser enviados en masa hacia La Española (hoy, Haití y República Dominicana) como mano de obra forzada. Las enfermedades traídas de Europa hicieron el resto. Para 1634, año en que España rindió la isla a los neerlandeses (ya como Curazao), apenas quedaban 400 caquetíos. Los que no consiguieron huir a Venezuela fueron obligados a jurar obediencia a los nuevos amos de una isla que, durante los siguientes 229 años, fue el mayor centro de comercio de esclavos del Caribe.

Casi cuatro siglos después, Curazao sigue atada a la metrópoli, aunque goce de autonomía desde 1954 y recibiera, en 2010, el estatus de país constituyente. Su gobierno carece de competencias en política exterior y defensa, además de mantener una subyugante dependencia económica y financiera. Gracias este estatus reciente, eso sí, se le abrieron las puertas de las competiciones FIFA, como ocurre con Escocia, Gales, Irlanda del Norte, Hong Kong o Gibraltar. «Informalmente seguimos siendo una colonia –explica Marcha–. De hecho, cuando Curazao gana, es una victoria holandesa. Eso sí, cuando perdemos, ya somos otra cosa».

Más allá del sol, la playa y el mar, la isla también atrae turistas por el centro histórico de Willemstad, la capital de la isla y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por sus fachadas coloniales. Construida por comerciantes de esclavos, es la imagen más reconocible del Caribe holandés.

Más allá del sol, la playa y el mar, la isla también atrae turistas por el centro histórico de Willemstad, la capital de la isla y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por sus fachadas coloniales. Construida por comerciantes de esclavos, es la imagen más reconocible del Caribe holandés.

Es decir, el morbo estaría asegurado en caso de enfrentamiento entre Curazao y Países Bajos. Una posibilidad real en el inédito Mundial que arranca en pocas semanas en el legendario estadio Azteca de México. Con sus 48 participantes, el más numeroso de la historia –fueron 13 en el primero, de 1930; 16 de 1934 a 1978; 24 entre 1982 y 1994; y 32 desde 1998 a 2022–, no es algo descartable tal cruce en dieciseisavos de final. De producirse, sería uno de los duelos más emocionales de la competición, al margen, claro, de un hipotético Irán-Estados Unidos. Una victoria curazoleña haría las veces de histórica venganza.

Valdemar Marcha, autor de un libro sobre el fútbol en Curazao, comenta la euforia alrededor del Mundial: «Todo el mundo habla de la ‘ola azul’. Pero ¿qué viene después? ¿Cambiará realmente algo para la gente de esta isla?».

 

Valdemar Marcha, autor de un libro sobre el fútbol en Curazao, comenta la euforia alrededor del Mundial: «Todo el mundo habla de la ‘ola azul’. Pero ¿qué viene después? ¿Cambiará realmente algo para la gente de esta isla?».

De momento, señala Marcha, con la clasificación Curazao ya ha ganado una cosa por encima de todo: reconocimiento. El antropólogo se dirige a un mapamundi en la pared de su salón y señala un pin naranja incrustado sobre el Caribe, un pedazo de tierra cuyo nombre impreso sobrepasa los límites del propio territorio. «Esta es una isla pequeña, pero ahora el mundo nos conoce». Su voz, sin embargo, adquiere de inmediato un tono grave al añadir: «Ahora todo el mundo habla de la ‘ola azul’, pero ¿qué viene después?».

Durante más de dos siglos, Curazao fue el mayor centro de esclavos del Caribe. De los aborígenes de la isla, los caquetíos, apenas queda rastro

En Sint Michiel, responden a la pregunta encogiéndose de hombros mientras saludan a los chicos que juegan descalzos en una cancha de cemento mordido por las lluvias torrenciales del Caribe y con las porterías rotas. Hablan en papiamentu, la melódica lengua criolla, con base léxica de español y portugués e influencia neerlandesa, inglesa y africana, hablada en Aruba, Bonaire y Curazao, las islas ‘ABC’, famosas por sus aguas turquesas y su arena blanca. Sint Michiel ocupa ahora un lugar propio en la mística futbolística local. Es la cuna de la familia Bacuna. Los hermanos Juninho y Leandro, nacidos en Países Bajos, son piezas clave del equipo que disputará el Mundial.

El éxito de la selección ha hecho crecer en los últimos meses la llamada ‘ola azul’, el color de la camiseta del equipo nacional. En un país que siempre se inclinó más hacia el béisbol, como en la vecina Venezuela, el fútbol es hoy el principal asunto de debate en corrillos y tertulias.

La relación con la exmetrópoli marca la vida y la psicología de los habitantes de la isla. Lo sabe como nadie Patrick Kluivert. De madre curazoleña (y padre de Surinam, otra excolonia neerlandesa), el exjugador del Ajax, Milan, Barça o Valencia en 2015 decidió hacer algo por su tierra materna y convertirse en el primer entrenador de renombre de la Familia Azul. Profesionalizó la estructura deportiva, modernizó el estilo de juego y, por encima de todo, convenció a los jugadores de la diáspora que competían en Ligas europeas para alistarse en el equipo de sus raíces. Al despedirse del equipo, vaticinó: «Creo que vamos en la dirección correcta para que Curazao juegue su primer Mundial».

El éxito de la selección ha hecho crecer en los últimos meses la llamada ‘ola azul’, el color de la camiseta del equipo nacional. En un país que siempre se inclinó más hacia el béisbol, como en la vecina Venezuela, el fútbol es hoy el principal asunto de debate en corrillos y tertulias.

Lo sucedió Remko Bicentini, otro neerlandés con raíces curazoleñas y el hombre que llevó al equipo a la conquista, en 2017, de la Copa del Caribe. Se reveló así un potencial inesperado, la interiorización del «Sí se puede» que hizo de la clasificación mundialista una obsesión nacional. Después de Bicentini asumió el cargo otro neerlandés, Guus Hiddink, uno de los entrenadores más respetados del fútbol mundial; a quien sucedió Dick Advocaat, otro míster de abultado currículo. Él firmó la histórica clasificación antes de renunciar, en febrero, por motivos personales.

Será pues Fred Rutten, otro trotamundos del balompié, quien dirija al equipo en México, Canadá y Estados Unidos. Pase lo que pase allí, nadie en Curazao olvidará ya la mágica noche de Kingston en que triunfó este cóctel surgido al mezclar ADN futbolístico neerlandés con alma caribeña.