Reportaje de la sección Cuídate Plus del Diario El Mundo de España.

El olor corporal continúa siendo uno de los temas más estigmatizados en el ámbito de la salud cotidiana. Aunque suele asociarse tradicionalmente a la falta de higiene, la evidencia científica apunta a una realidad más compleja: se trata de un fenómeno biológico en el que intervienen factores como la microbiota cutánea, la actividad hormonal, el tipo de sudoración y el contexto fisiológico individual.

Como explica, Piluca Barrau, farmacéutica experta en dermocosmética, el sudor es “un mecanismo fisiológico esencial para el equilibrio de nuestro cuerpo y está compuesto principalmente por agua, sales minerales y pequeñas cantidades de otras sustancias metabólicas”.

Sudamos fundamentalmente por dos motivos:

  1. Para regular la temperatura corporal. Cuando el cuerpo se calienta, el sudor se evapora sobre la piel y ayuda a enfriarla.
  2. Para responder a estímulos emocionales, como el estrés, la ansiedad o la activación del sistema nervioso.

¿Por qué se produce? Como explica la farmacéutica, “se produce en unas estructuras especializadas de la piel llamadas glándulas sudoríparas, distribuidas prácticamente por todo el cuerpo”. Gracias a este sistema “el organismo puede mantener su temperatura estable incluso durante el ejercicio físico o en ambientes calurosos”, explica en detalle, por eso, y a diferencia de lo que muchos puedan pensar, “sudar no es algo negativo, sino una función biológica necesaria”.

¿Qué hace que huela mejor o peor el sudor? 

Lo primero que quiere dejar claro Barrau es que “el sudor en sí mismo no tiene olor”. El olor “aparece cuando entra en contacto con las bacterias que viven de forma natural en la piel”.

Estas bacterias, explica, “descomponen algunos componentes del sudor y generan compuestos volátiles responsables del olor corporal” y por eso, “hay personas que presentan más olor que otras.”.

Entre los factores que influyen en el olor están:

  • La microbiota cutánea
  • La genética
  • La alimentación
  • El estrés
  • La higiene
  • El tipo de ropa
  • Los cambios hormonales

Todo esto puede influir en la intensidad del olor.

Además, hay que recordar que “existen zonas del cuerpo como las axilas o las ingles, donde predominan las glándulas apocrinas, que producen un sudor más rico en proteínas y lípidos”. Es por eso por lo que este tipo de sudor es el que “más fácilmente puede generar peor olor cuando es metabolizado por bacterias”

Sudor en la mujer

Siempre que hablamos de sudor y de mal olor lo asociamos con una persona poco aseada, normalmente un hombre, pero la realidad es que no siempre es así. De hecho, en el caso concreto de la mujer, las hormonas tienen un papel muy importante en este mal olor.  “Los cambios hormonales pueden influir en la sudoración y en la percepción del olor corporal”, afirma.

Y esto así porque durante etapas como la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia “se producen variaciones hormonales” que pueden modificar:

  • La actividad de las glándulas sudoríparas
  • La composición del sudor
  • La microbiota de la piel

Durante la adolescencia, la activación hormonal propia de la pubertad pone en funcionamiento las glándulas apocrinas, que producen un sudor más rico en lípidos y proteínas. Como consecuencia, el olor corporal se suele intensificar en esta etapa.

En el caso de la menopausia, por ejemplo, “la disminución de estrógenos altera el sistema de regulación térmica del organismo, lo que puede provocar sofocos y episodios de sudoración intensa, especialmente nocturna”.

Además, apunta, “los cambios hormonales también pueden modificar el metabolismo cutáneo y la microbiota de la piel, lo que en algunas mujeres puede hacer que el olor corporal se perciba de forma diferente”.

Por eso, muchas mujeres “refieren que durante la perimenopausia o la menopausia su sudoración cambia o se vuelve más intensa, algo que tiene una base fisiológica relacionada con la regulación hormonal”.

En la menopausia, «la disminución de estrógenos modifica el equilibrio de la piel, altera el pH, influye en la microbiota cutánea y cambia tanto la composición del sudor como de la secreción sebácea». A ello se suman «los sofocos y los episodios de sudoración irregular«.

“No es una cuestión de higiene deficiente, es fisiología. Igual que cambia la piel o el cabello, también puede modificarse el olor corporal en determinadas etapas hormonales”, concluye.