Un set prehispánico, un guiño a los balones de Infantino y mucho reguetón, fueron algunas de las notoriedades que sobresalieron en el acto inaugural del Mundial de fútbol 2026, versión México. El afán de la organización mexicana, polemizada por la propia presidenta, Claudia Shienbaum, a quien no se le vio en torno al azteca por más que las cámaras la buscaron en la previa, durante y en post partido, evidenció las presiones de la Fifa por alejar el espectáculo de lo retórico del mariachi y las poblaciones ancestrales.

México gritó de emoción con la rodada del balón, por tercera vez en el estadio
Azteca pero tuvo que entregar su historia a la fuerza del mercado del reguetón impuesto por los asesores de la Fifa.

“La ceremonia fue tan blanca como el vestido de Lila Downs. La cantante oaxaqueña que ofició de maestra de ceremonias”, dice en su crónica el periodista David Marcial, corresponsal del País. “A su alrededor pululaban bailarines, algunos con plumas en la cabeza y otros envueltos en un pegajoso traje dorado, una especie de hombres-trofeo con la cabeza como una bola de oro, quién sabe si eso fue un guiño al esférico de Infantino o a los ritos sacrificales prehispánicos.

Empezaron con un zumbido de caracola marina y terminaron con el lets, Go, tan gringo como las redadas del ICE.

Todo giró alrededor de un escenario escalonado en el centro del campo. Este sí, un homenaje a las pirámides, pero con un aire medio espacial, entre brutalista y cyberpunk. Por ahí se repartieron raciones de nostalgia boomer con Maná o dosis de reguetón versión TikTok con el venezolano Dany Ocean o el propio Balvin.

En este tipo de producciones, medidas al milímetro, siempre se busca alguna señal oculta, un mensaje de época. Lo de la última Super Bowl y la defensa de Bad Bunny de lo americano más allá de Estados Unidos fue una rara excepción por lo explícito. Si el Conejo se puso a enumerar los 35 países de la región —en un guiño más que consciente a un recado anterior de Rubén Blades al vecino del norte— este jueves en el antiguo Estadio Azteca —ahora lleva el nombre de un banco—, la fórmula se repitió con un aroma entre descafeinado y exótico. J Balvin prefirió hacer la cuenta, pero hablando de mujeres: brasileñas, colombianas, dominicanas.

Shakira, quien tiene los mismos mundiales que Messi, cerró el espectáculo con su cuarta versión de la torre de Babel. Sobre una base facilona de afrobeat y acompañada del artista nigeriano Burna Boy, pasó del Waka waka de Sudáfrica al Dai dai de Ciudad de México. Las gradas recibieron con más emoción el himno mexicano antes del partido inaugural, interpretado por Alejandro Fernández, miembro de la aristocracia de las rancheras.