
La rodada ha sido la guinda del pastel que puso fin o, que marcó el despertar de un grupo de exprotagonistas, dirigentes y aficionados que, de aquí, a la fecha de octubre de 2027, tratarán de mantener vivo el recuerdo de la realización en San Cristóbal de los Campeonatos Mundiales de Ciclismo, para muchos y con gran razón, el evento deportivo más importante que se haya realizado en Venezuela.
La gente todavía no ha dimensionado lo que significó que hace 48 años, la villa de Juan Maldonado haya albergado, por casi 25 días, a las más rutilantes estrellas del ciclismo mundial. Tampoco, que la diplomacia andina se haya impuesto a la europea en esos escenarios de disputa por la realización de un campeonato mundial donde los intereses económicos, siempre se sobreponen a los deportivos.
Que una ciudad entera haya dejado de lado las mezquindades para apoyar un capricho monumental. Cuando se oye la anécdota repetida de cómo el periodista Ramses Díaz León accedió a ese transporte donde iba el vocero de UCI y no sé si otro, y él, a través de un traductor improvisado pudo comunicarle la petición, entonces estamos hablando de atrevimiento. San Cristóbal no tenía velódromo y el señor Díaz León convenciendo a la elite del ciclismo que le dieran la sede de un campeonato mundial. Si eso no es soñar, ustedes me dicen.
Son frases sueltas para complementar que, en aquel entonces, si se pudo y que ahora el camino es más fácil, depende de nosotros. Podemos seguir adornando la sala para la celebración de esos 50 años. Lo de la rodada del domingo fue motivante. Hubo gente, pero faltan más. Falta la ciudad, aquella que se unió por el Mundial de ciclismo, que construyó un velódromo casi perfecto, en tiempo récord.
En los actos previos a la rodada hubo conversatorios, demostraciones, intercambio de opiniones testimoniales y vidas ejemplares que han corrido paralelas y con éxito al ciclismo. No sabíamos tantas cosas de José Abel Becerra, para mí la gloria deportiva viviente más ilustre que tiene el ciclismo tachirense. Esta generación está obligada a buscarle un lado donde estampar la estrella de José Abel. Es una deuda histórica.
Volviendo a la rodada, hubo mucho entusiasmo, a pesar del frio matutino que se posó en las montañas desde la madrugada. No será la que finalice, sino la que dinamice la celebración de los 50 años, para lo cual ya queda muy poco.
