Los alargues son revitalización, esperanza, el no concluido, coraje e incentivo para finalizar un proyecto. El árbitro Valenzuela, ya con algunas polémicas a cuestas, incluyó 10 minutos de alargue al partido que jugaron el sábado, el Deportivo Táchira y Caracas. Sin disponer de argumentos que lo justificaran, el colegiado le dio por agregar tamaña barbaridad a un encuentro donde el local, Caracas se insinuaba con gran asedio sobre el arco tachirense, pero sin lograr el objetivo de empatar el encuentro en el tiempo reglamentario.
Esto mueve a suspicacia, a pregunta sospechosa. El segundo tiempo transcurrió con muy pocas incidencias en la duración real del juego. Solo se presentó una situación que obligó al árbitro a mantener el juego suspendido por espacio de 2 minutos, 40 segundos, cosa que, en el logicismo ocurrente, debió ´perjudicar al equipo local pues fueron los hinchas del rojo que provocaron la quema de juegos pirotécnicos en el graderío.
Pero resulta que Valenzuela castigó al Deportivo Táchira y lo obligó a jugar 10 minutos más por este suceso. El colmo de Valenzuela llegó con la expulsión de Maurice Cova, ante un reclamo y un gesto del tachirense que el FifaBoy se tomó muy a pecho, propinándole doble amarilla para mandar al capitán tachirense al banco de donde recientemente había emergido.
Caracas hizo suficiente mérito durante el segundo tiempo para emparejar el clásico que perdía 1 x 0 ante un rival que lo había superado suficientemente en el primer lapso. Pero como un juego tiene altibajos, Caracas aprovechó el despiste de los de Pérez Greco y los sometió a un bombardeo que Valenzuela, maravillado por la reacción de los avileños, les concedió 10 minutos más. La paradoja del buen samaritano.