ESPECIAL.- El esloveno Tadej Pogacar es cada vez más líder, en la jornada de Le Lioran aimplió la ventaja y ahora son 3’36» sobre el danés  Jonas Vingegaard que parece mucho porque el líder muestra visos de imbatibilidad. También resaltó la buena actuación de Remco Evenepoel que dio el salto al tercer cajón del podio, mientras que el resto que aparece dentro del top 10 como Seixas, Lipowitz, Ayuso y Skjelmose se mantuvieron atentos y sin gastar energías. El único que desentonó fue el mexicano Isaac Del Toro quien perdió el maillot blanco en favor de Ayuso.

En el día que Francia celebra su Fiesta Nacional, con aquella gesta de la Toma de La Bastilla, que tiene un significado especial, porque fueron los primeros compases de la revolucióin francesa que decapitó la monarquía, se esperaba una victoria local, quizá una ofensiva de Paul Seixas, Lenny Martinez o algún corredor dispuesto a envolver su aventura en la bandera tricolor.

Nada de eso ocurrió. El esloveno Pogacar vestido de amarillo ocupó el escenario, apagó la música local y se llevó la etapa. La cortesía patriótica nunca ha puntuado en el Tour. porque el UAE Team Emirates-XRG tenía marcada la jornada de Le Lioran. El equipo no necesitó perseguir cada movimiento ni convertir la etapa en una procesión controlada desde la salida, pero mantuvo la carrera dentro de unos margenes razonables y esperó al terreno decisivo.

Para no dejar dudas de su potencia en el ascenso, Pogačar eligió el tramo más duro del Col de Pertus, una subida de primera categoría, para lanzar su única aceleración seria. El ataque llegó aproximadamente a un kilómetro de la cima. Allí el asfalto se empina, las piernas se vuelven de madera y las tácticas dejan paso a una verdad bastante rudimentaria: quién puede seguir y quién no. Vingegaard no pudo. Tampoco Ayuso, Evenepoel, Seixas o Lipowitz. Pogačar alcanzó a Carapaz, lo dejó atrás casi sin transición y coronó en cabeza.

Quedaban el descenso, el Col de Font de Cère y el tramo final hacia Le Lioran. El líder no conocía con precisión la diferencia porque la radio de carrera funcionaba de manera irregular entre la multitud, pero siguió empujando. La sombra de lo ocurrido en 2024 también viajaba con él: en aquel mismo escenario, Vingegaard había logrado alcanzarlo y derrotarlo al esprint. Esta vez no hubo regreso del danés.

La carrera había entrado en su tramo más violento después del Pas de Peyrol. El recorrido no alcanzaba las altitudes de los Alpes o los Pirineos —el Col de la Griffoul, con 1.336 metros, era la cota más elevada—, pero encadenaba subidas cortas, pendientes ásperas y descensos técnicos. Una sierra dentada, sin apenas tiempo para acomodarse.

Richard Carapaz atacó en la zona del Pas de Peyrol y llegó a construir una ventaja cercana al minuto. Fue una maniobra valiente y muy reconocible en el ecuatoriano: pedalear hacia delante aunque detrás avance una trituradora vestida de amarillo. Durante varios kilómetros pareció tener opciones reales de disputar la victoria.

Cuando comenzó el Col de Pertus, Carapaz aún conservaba margen. Visma-Lease a Bike puso ritmo en el grupo de favoritos, mientras Pogačar permanecía sentado y sin aspavientos. El trabajo del equipo neerlandés terminó pareciendo, con cierta crueldad, una plataforma lanzamiento para el líder. Llegó el cambio de ritmo y una sola aceleración bastó.

Pogačar atrapó a Carapaz antes de la cima, pasó junto a él y abrió una diferencia inmediata. Vingegaard asumió buena parte de la persecución, pero nunca consiguió acercarse. Evenepoel sufrió durante algunos compases, perdió contacto y después se rehízo para terminar segundo. Paul Seixas fue tercero, igualado a 34 segundos con Florian Lipowitz. Ayuso y Mattias Skjelmose cruzaron la meta cuatro segundos después.