Overhead view of a large group of healthy raw food for flexitarian mediterranean diet. The composition includes salmon, chicken breast, canned tuna, cow steak, fruits, vegetables, nuts, seeds, dairi products, olive oil, eggs and legumes. High resolution 42Mp studio digital capture taken with SONY A7rII and Zeiss Batis 40mm F2.0 CF lens

FUENTE: ABC

Comer sano no es algo que se haga para buscar un cuerpo perfecto, sino una forma de contribuir a tener salud, energía, autoestima y longevidad.

Aprender a comer se ha convertido en una necesidad urgente. La alimentación está profundamente ligada no solo al peso corporal, sino al bienestar físico, emocional y mental.

Muchas veces creemos que estamos comiendo bien simplemente porque evitamos el azúcar o no comemos frituras. Pero alimentarse de forma saludable no es tan simple como «esto sí, esto no». Hay que saber leer etiquetas, entender la calidad de los nutrientes y tener criterio al elegir alimentos, pues solo así podremos leer entre líneas y poder ir más allá de aquellos productos supuestamente «naturales» o «fitness».

Acuciados por el bombardeo constante de información, mensajes equívocos de ‘influencers’ nutricionales, productos «milagro» y dietas de moda, aprender a comer y nutrirse de forma consciente se ha convertido en una necesidad urgente.

Confundir cantidad con calidad, cenar solo fruta o yogurt, depender de los productos “fit” y pensar que comer menos siempre es mejor, son errores comunes de quienes creen que siguen una alimentación saludable.

CENAR SOLO FRUTA O YOGURT

Pensando que se trata de una opción ligera y que con eso benefician su salud, muchas personas deciden hacer cenas muy pobres que no les llenan, sino que tampoco les nutren. Y esto es algo que puede provocar que tengan hambre más tarde y se decidan a picar cualquier cosa, lo cual puede derivar en saltarse el consumo de proteínas por la noche con consecuencias en la calidad del sueño o la reparación muscular y el metabolismo.

PENSAR QUE COMER MENOS SIEMPRE ES MEJOR

Comer pocas cantidades propicia la reducción del metabolismo basal, la disminución de la energía y posibilidad de que se manifieste el temido «efecto rebote» que viven algunas personas tras una pérdida de peso. «Cuando sucede esto, el cuerpo entra en ‘modo ahorro’ y empieza a almacenar grasa como mecanismo de defensa». El secreto para mantener el peso o incluso para perderlo no está en comer poco sino en comer bien y suficiente, conforme a las necesidades y el gasto energético de cada persona.

Los que pasan hambre y engordan

Pero además de esos errores o creencias equivocadas en torno a lo que es realmente comer de forma saludable son muchas las personas que se frustran pensando que «cuidar la alimentación» (al menos como ellos creen que la están cuidando) no solo no les está ayudando a perder peso sino que está provocando el efecto contrario. Este fenómeno de «ganar peso, a pesar de comer de forma saludable» es algo  más común de lo que se cree y suele deberse, principalmente, a cuatro factores causales que serán más o menos frecuentes en función de cada caso:

 

  1. Déficit calórico mal planteado. «Comer poco pero mal distribuido, sin suficientes proteínas o generando muchos picos de azúcar a lo largo del día, puede generar acumulación de grasa y pérdida de masa muscular».
  2. Factores hormonales o emocionales. «El estrés crónico, la ansiedad, la falta de sueño y ciertos desequilibrios hormonales (como el hipotiroidismo o el síndrome de ovario poliquístico) pueden afectar al modo en el que se procesa la energía, aunque se coma de forma saludable».
  3. Sedentarismo. «Aunque la alimentación esté bien planteada, si esa persona no se mueve lo suficiente a lo largo del día su gasto energético será limitado. A veces no se trata de ir al gimnasio a darlo todo sino de caminar más y de forma intensa, hacer pausas activas y evitar pasar demasiado tiempo sentado».
  4. Comer con culpa o ansiedad. «Las emociones alteran la forma en la que se digieren y se absorben los alimentos. Comer rápido, con estrés o con muchas distracciones puede afectar a la saciedad y favorecer el aumento de peso, incluso si lo que se está comiendo es ligero».