ESPECIAL.-  El francés Valentin Paret -Peintre le entrega al Soudal Quick-Step la cuarta victoria en este Tour de France. Fue triunfo por delante de Ben Healy y Santiago Buitrago en el mítico Mont Ventoux. Ilan Van Wilder (4°) llegó en el último kilómetro para darle un auxilio clave. En esta montaña, no hay lógica, solo voluntad. Y esa tarde, la voluntad de Valentin Paret-Peintre fue más grande que el mismísimo Gigante de la Provenza.
El líder Tadej Pogaçar y Jonas Vingegaard cruzaron la meta juntos luego de varios ataques y contraataques.. El danés sufrió una caída sin consecuencias tras golpearse con un fotógrafo. Lipowitz saca diferencias en el podio. Florian Lipowitz sigue consolidando su tercera posición en la general y Primoz Roglic ya es quinto, a 40 segundos del cuarto puesto, y con la sensación de ir mejor cada día. Desde que apareció la montaña en el Tour de France la dupla del RedBull Bora no para de crecer.
Soudal Quick – Step suma cuatro victorias de etapa en la presente edición del Tour de France. Su mayor tasa de victorias. En los sprints con Tim Merlier, en la contrarreloj con Remco Evenepoel y en el coloso Mont Ventoux con Aurelien Paret-Peintre.  desde 2021 cuando Cavendish (X4)  y  y Alaphilippe dieron 5 triunfos al equipo.
Cuentan los que estuvieron que  la bruma del mediodía se aferraba a las laderas peladas del Mont Ventoux, un coloso  impactante e implacable que se alza  en la Provenza, dispuesto a despedazar piernas y pulmones sin pedir permiso cada vez que el ciclismo lo visita.
El sol golpeaba sin piedad, y el pelotón, un poco recuperado después del descanso, al rato nomas  ya estaba herido porque el Visma habia decidido hacer la etapa de dura para adelante. Así que al rato  ese pelotón se retorcía en la base de la montaña como un animal herido.
La etapa no iba a ser un paseo por el parque; era una carnicería, y todos lo sabían.
En el corazón de la escapada, un grupo de 35 tipos duros se había desprendido del pelotón como si huyeran de un incendio.
Entre ellos, un tal  Valentin Paret-Peintre, un francés flaco como un alambre, con 24 años y un motor que parecía más grande que su cuerpo de 52 kilos.
Para la afición nadie a tener en cuenta, para su equipo una carta que nadie descubriría: Paret- Peintre ya se había dado el gusto en una etapa del Giro, aunque ya casi nadie se acordaba. Entonces, no era el favorito, no estaba en los planes de nadie. No para el Ventoux, un lugar legendario.
Decían que había caído en el Tour por casualidad, como suplente que reemplazó a algún otro que enfermo o huyó a tiempo.
Pero en el Ventoux, las jerarquías se desmoronan, y Paret-Peintre estaba ahí, oliendo sangre, con su compañero Ilan Van Wilder a su lado, otro de los soldados de Soudal-QuickStep que se quedó huérfano tras la retirada de Remco Evenepoel.
Más adelante, Ben Healy, el irlandés de EF Education-EasyPost, cabalgaba con la furia de un tipo que sabe lo que es llevar el maillot amarillo, aunque fuera por un par de días en esta misma carrera.
Healy era un bulldog, un corredor que no se rinde, que había ganado la etapa 6 con un ataque a 42 kilómetros que dejó a todos con la boca abierta. Si el Tour se midiera en agallas, Healy estaría firmando autógrafos en los Campos Elíseos. Pero en el ciclismo, las agallas no siempre bastan, y el Ventoux es un juez cruel.
La subida final era un infierno de pendientes y curvas traicioneras. Enric Mas, el español de Movistar, había saltado como un lobo solitario, con la meta en la mira y una ventaja que parecía suficiente. Pero Healy y Paret-Peintre lo cazaron a 3.5 kilómetros del final, como dos sabuesos que no sueltan la presa.
Santiago Buitrago, el colombiano de Bahrain Victorious, se unió al cuarteto, y entonces empezó el juego del gato y el ratón. Nadie quería tirar demasiado, nadie quería quedarse sin aire antes del sprint final.
Van Wilder, que había quedado rezagado, apareció de la nada en el último kilómetro, como un ángel vengador con el maillot de Soudal. Puso un ritmo endiablado, un regalo para su compañero Paret-Peintre, que se pegó a su rueda como si su vida dependiera de ello.
Healy lanzó el sprint a 300 metros, exageradamente largo y desgastante intento, con el Ventoux rugiendo bajo sus pedales. Pero Paret-Peintre, ese desconocido que estaba a dos horas del líder en la general, tenía un as bajo la manga. En la última curva, cuando el irlandés pensó que tenía la etapa en el bolsillo, el francés sacó la energía que pocos conocían o esperaban que parecía imposible para un cuerpo tan pequeño. Cruzó la línea primero, brazos en alto, mientras la multitud rugía como si Francia hubiera ganado algo asi como una guerra.
Healy, segundo, se quedó mirando al suelo, sabiendo que había peleado como león, pero que el Ventoux no perdona a los que titubean. Buitrago fue tercero, y Van Wilder, exhausto, cerró el cuarteto en cuarto.
A 45 segundos, los titanes de la general, Tadej Pogačar y Jonas Vingegaard, llegaron como un huracán. Visma-Lease a Bike había convertido la subida en un campo de batalla, con Tiesj Benoot y Victor Campenaerts machacando desde abajo para aislar a Pogačar. Vingegaard, el danés de cara afilada, atacó cuatro veces, cada una más salvaje que la anterior, intentando romper al esloveno.
Pero Pogačar, con el maillot amarillo brillando como un faro, respondió a cada embestida, con una mueca de dolor que se convirtió en un gruñido de desafío. En la última recta, el esloveno sacó dos segundos más al danés, un pinchazo en el orgullo de Vingegaard, que ya estaba a 4:15 en la general.
Pero el drama no terminó en la línea. Apenas cruzó, Vingegaard, aún jadeando, fue derribado por un fotógrafo imprudente que se cruzó en su camino como un borracho en una taberna. El danés cayó duro, su bicicleta hecha un desastre, aunque él salió ileso, con la rabia ardiendo en los ojos. “La gente en la meta debería usar los ojos”, gruñó después, con la voz de alguien que no olvida una afrenta.
Halland fue trasladado al hospital luego de desplomarse al cruzar la meta del Mont Ventoux.

 

Más atrás, otro capítulo sombrío. Tobias Halland Johannessen, octavo en la general, llegó al límite, tambaleándose como un boxeador noqueado. Los médicos lo rodearon, le pusieron una máscara de oxígeno, y lo llevaron al hospital.
Más tarde, se supo que estaba mejor, pero en ese momento, el Ventoux parecía haber cobrado otra víctima.Paret-Peintre, mientras tanto, apenas podía creerlo. “No estaba en el plan”, dijo, con la voz temblando. “Pensé que Pogačar iba a querer la etapa. Pero vi el grupo de escapada y me dije: ¿por qué no?”. Su victoria, la primera de Francia en este Tour, fue un rayo de sol para un equipo que había perdido a Evenepoel, su general. Cuatro victorias de etapa para Soudal-QuickStep, un botín inesperado en una carrera que parecía perdida.
El Ventoux, como siempre, había dictado sentencia.
Un casi desconocidos para los aficionados, un suplente a dos horas del líder en la general , había conquistado su cima mítica, dejando a Healy con las manos vacías y a los grandes favoritos peleando por migajas.
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