Le pasó a Luis Rubiales, el presidente destituido de la Real Federación Española de Fútbol, aquel, que en un pálpito emotivo le estampó un beso, no consentido, a la goleadora Jenni Hermoso que luego significó su perdición. Ahora Gianni Infantino sufre los rigores de su atrevimiento, no consentido, que le podría costar el cargo de presidente de la poderosa FIFA.
Se podría decir, «la alopecia los une y sus emociones los destruyen». En el caso de Infantino, se pudo saber que ha echado la guagua en reversa luego del motín encabezado por la UEFA, a la cual se unió la Concacaf y su homóloga asiática, tras su propuesta de vender activos de la copa del mundo, donde, por cierto, Conmebol se quedó esperando por los 20 millones.
El célebre pelón de Infantino, embelesado por los cantos de sirena de Mister Trump, salió desbocado a ofrecer 20 millones de euros, a cada federación de fútbol que aceptara su propuesta, la cual consistía en privatizar la copa del Mundo. Basado en la alta rentabilidad que había obtenido la FIFA durante el desarrollo del mundial 2026 cuyo ingreso se calcula en 15.000 millones de euros, el máximo jerarca del fútbol mundial, todavía con la resaca de la fiesta recién finalizada, lanzó el anzuelo al ruedo de la ambición para animar a los dirigentes a embolsarse sumas astronómicas de dinero a costa de las pasiones que despierta el fútbol.
Algunos saltaron de la emoción y desde ese momento, se imaginaron sentados en los grandes resorts de lujo. Otros más apegados a la ética del balón, descubrieron que Infantino jugaba a dispararle a la vaca que provee la leche. Si la matas de tanto exprimirle las ubres, no habrá ni leche ni queso para nadie. Entonces decidieron prender las antorchas para frenar el avance del habilidoso suizo-italiano quien, entre otras cosas, ya empieza a sumar los votos para su reelección en 2027.
La rebelión dio sus frutos y este lunes se conoció que el presidente de la FIFA Gianni Infantino, había dado marcha atrás a su proyecto de privatizar la copa del mundo. No es una victoria para nadie, pero si un resbalón que le pudiera costar el cargo.
Infantino está acusado de exhibicionismo extremo, lo cual ha terminado por debilitar su figura de cara a su reelección en 2027. Organismos continentales como la UEFA y la Concacaf han manifestado públicamente que el presidente ha dejado de poner el fútbol en primer lugar, utilizando el torneo como una empresa privada para su beneficio de imagen e impulsando reformas polémicas que finalmente tuvo que retirar ante un inminente boicot.