El Deportivo Táchira no levanta la frente. Partido a partido el carrusel se va disminuyendo como en la película de David Fincher, “el extraño caso de Benjamín Button”, protagonizada por Brat Pitt, donde el ciclo vital es al revés, nace grande y. a medida que pasan los partidos se va volviendo un niño.
El no haber podido sumar este martes completo en Pueblo Nuevo y prácticamente decirle adiós a la tabla acumulada, deja a Recoba y su tropa con un sabor amargo. Pero si la acumulada era un problema, más comprometido luce el desempeño del conjunto, sobre todo cuando enfrenta a rivales directos en sus ambiciones de lograr boleto para los torneos internacionales.
Táchira recibe goles muy fácil. El de hoy, un centro corto de Roberto Rosales y un Sayomo que entra por todo el centro del área para cabecear entre una defensa de 4 ausente. El portero Araque tapa el a quema ropa, pero tres rivales se encuentran solos, esperando el rebote. No hubo estorbo alguno, discutieron y se pusieron de acuerdo entre ellos para escoger al encargado de jalar el gatillo. Una eternidad para que finalmente Edwin Pernía tomara la responsabilidad de ejecutar al guardameta tachirense.
Una llegada un gol. 100% de efectividad para el equipo de Saragó. La pregunta sin respuesta es quien corrige este desagüe, quien le pone coto a esta situación a tres partidos de finalizar la ronda regular. Si quieres ganar una apuesta elige a que Táchira no saca su arco en cero. Era muy temprano en el juego. Se jugaba el minuto 24 y el carrusel ya exhibía su flanco perforado.
Quien juega por obligación, empata por necesidad. Los movimientos tácticos del aurinegro orientados a no perder, llevaron al combo uruguayo a mover la combinación ante el temor de Saragó. Así nos pilló el segundo tiempo. La apuesta por Woiski desde el principio solo propicio dudas de sus condiciones. También el papel encomendado a Peñaranda y la pólvora mojada de Pollero, un gavilán a quien han aprendido a quitarle las presas dentro del área, aumentaban la desesperación, a medida que transcurría el tiempo.
Llegaron las sustituciones anunciadas. Palmezano por Peñaranda y Valentin Adamo por Woisky. Antes, el profesor Recoba había decidido cambiar su precaución con el doble 5, extrayendo a Pérez Siri, ante el esquema ultra defensivo planteado por Saragó para preservar la mínima ventaja. Táchira tocaba la puerta, pero no entraba, sobre todo por la banda derecha donde Sosa y Alfonso hacían relevos que llevaban peligro al arco académico.
Fue en una de esas internadas. Sosa logra llegar a fondo y proyecta una pelota al centro para que Adamo, ya lo ha demostrado, se adelantara y escondiera un taconazo que descompuso el rigor que había exhibido hasta ese instante el arquero del fortín. El marcador 1 x 1 al minuto 70 dejaba margen para que apareciera el salvador. En medio de la penumbra de la ciudad por el apagón, todos los ojos estaban puestos en el oasis plateado que emergía de Pueblo Nuevo, pero el gol no llegó. No se produjo el grito. Habrá que esperar que pasa con Metropolitanos el miércoles.