España es la nueva campeona del mundo. Es una gran campeona. Fue quien más la buscó y la encontró en el tiempo de prórroga cuando Argentina se la jugaba con ir a los tiros penalties para tener una oportunidad luego del profundo asedió español y, para colmo, quedarse con 10 hombres después de la expulsión de Enzo Fernández, lo cual reforzó la posesión de pelota que tenía el conjunto de Luis de la Fuente durante gran parte del partido.

Los dos equipos fueron fieles a sus sistemas. Argentina con un juego rocoso buscó mantener las acciones en el centro del campo para apostando a una genialidad de Messi y España, jugando el libreto de rotar la pelota para pillar la calleja que le diera la gloria. Así se vació el primer tiempo con mejores llegadas de España y una Argentina que no encontraba el acomodo, perdiendo pelotas y errores no forzados que hacían crecer a la roja.

En el segundo tiempo España no varió su rondo, mientras que Argentina parecía más agotada, corriendo detrás de la pelota y cometiendo errores en salida que casi le costaron caro. Desde el banquillo empezaron a moverse las sustituciones. Argentina más urgida por la pérdida de su línea de zagueros. Primero fue Lisandro Martinez y luego el Cuti Romero que pedían cambio por problemas musculares. El panorama para Scaloni se complicó cuando Enzo Fernández fue expulsado al minuto 93 por una falta contra Curbasi que le reportó su segunda amarilla.

Argentina sufría ante un equipo inminentemente superior. El barco se hundía y Scaloni seguía bailando junto a la orquesta, pero no se ahogaba. Había que llevar el compromiso al límite y eso hizo la albiceleste en la primera prórroga sorteada con España mostrando los dientes, pero sin lograr el objetivo. Hasta que llegó el minuto 106 donde Nico Williams cabecea una pelota al borde de la línea de fondo y la deja para que Ferrán Torres empalme hacia arriba y anotara lo que el mismo diría en rueda de prensa, el gol de 47 millones de españoles.

Argentina, como lo había hecho varias veces en la adversidad, soltó las amarras y se tiro al todo o nada en busca del milagro o el final feliz para la novela Messi, pero las piernas y el desarreglo en la cancha por el hombre de menos pasaba factura. Aun así, Messi estrelló un balón en la cabeza de Merino que llevaba buena dirección y Giuliano Simeone lanzó una volea por encima del arco que pudo cambiar la historia. Nada que hacer, España bordó su segunda estrella de campeón del mundo. Justa victoria y superioridad absoluta.