SAN CRISTÓBAL.- Los vientos gélidos del sur del continente enfriaron las ideas y el entusiasmo vinotinto. El resultado en Montevideo nos puso en el sitio y nos despierta a una cruda realidad. Para llegar al Mundial 2026 se necesita un poco más que de suerte, se requiere de una concatenación de elementos para alcanzar el objetivo. Todo parece indicar que se va a tener que sufrir hasta el último minuto más el agregado del último partido, ese que nos enfrenta a Colombia, en Maturín.

Los resultados de la antepenultima fecha dieron un dictamén. Aún Venezuela tiene el puesto de repechaje, solo que ahora nos separa un punto de Bolivia que respira en la nuca y es el único que puede arrebatarnos ese boleto. Chile y Perú quedaron descartados aunque los incas apelarán a sus hechizos ancestrales para buscar un «milagro». Por arriba Uruguay sacó tierra de por medio, igual que Brasil, así que a la vista solo esta el once «cafetero» al que el destino lo coloca como «juez» en las últimas dos jornadas.

Perder en Montevideo era una posibilidad real. Los charrúas también en sus necesidades de sumar salieron a meter contra el arco de Romo a todo el equipo Vinotinto, con pelotazos al área, siete cobros de tiros de esquina consecutivos ante una defensa que sacaba de todo que supo aguantar el torrencial aguacero celeste, pasando esos primeros 15 minutos de asedio que impuso el once de Bielsa. hasta Salomon igual que Soteldo y Martínez les tocó que ir a tapar y apretar las llegadas de los defensores rivales.

Parecía que la fórmula de esperar y atacar empezaba a rendir frutos. Venezuela se defendía como «gato patas arriba», y los locales comenzaron a sentir el rigor de la voragine de los primeros minutos. Todo marcha bien, e incluso se comenzó a salir del fondo y a pisar el área de Melé. Ya los charrúas no ahogaban, el juego se iba equilibrando y la Vinotinto tomaba bocanadas de aire para aminorar el desgaste. El 0-0 marcaba el destino de un juego donde cada pelota se peleaba con todo y no faltaron los roces.

Pero, siempre hay un pero. Llegó el gol uruguayo con una de sus fórmulas de ataque: El juego aereo. Una distración y se paga caro. El cobro de tiro de esquina, John Aramburu pierde la marca de Aguirre quien la empuja para vencer el arco nacional . Baldazo de agua fría y celebración para el local que llevaba la batuta ofensiva de un juego donde necesitaba abrochar su clasificación y borrar los negros nubarrones que aparecían sobre el cielo celeste.

Llegó el segundo tiempo y Batista movió el banco. Soteldo y Martínez, intrascendentes en su juego se fueron a las duchas. Con las urgencias se replanteó el juego. La Vinotinto quería cambiar el curso de un partido que lo tenía ahí cortico, pero otra vez la mala fortuna nos juega una mala pasada.

 

En los primeros compases del segundo período, Yangel Herrera toma una pelota casi sobre la medialuna y se resbala, Azcarraeta presiona y la quita, nadie llega a marcar y el trallazo del uruguayo se vuelve inalcanzable para Romo.

 

Con el 2-0 a las costillas la Vinotinto debe asumir riesgos. Savarino, Bello y Segovia le cambian la cara al equipo, la selección tomó la pelota, la trasladó y empezó a generar opciones reales. Bielsa se desesperaba y vociferaba a sus jugadores.

La vinotinto asumia el reto e iba a al frente, el partido se «descuadernó», los charrúas la sacaban a cualquier lado, defendían ese 2-0 con su conocida garra. Ahora el local se hacía fuerte en su terreno con la experiencia de jugadores curtidos en la materia.

Pero el empuje del once venezolano se quedó ahí en puras ganas. No llegó nunca el descuento. El grito de gol se fue ahogando y los minutos pasaron tan rápido. Batista siguió moviendo el banco pero el mal estaba hecho. La máxima de que equipo ganador no se cambia pesó. La sorpresiva aunsencia de Bello, Segovia y Savarino desde el arranque tomó a muchos por sorpresa. Su presencia en cancha le cambio el rtostro al equipo aunque al final no alcanzó.

http://LA VINOTINTO QUIERE REPETIR «EL CENTENARIAZO»

La noche se acabó en Montevideo. Las pifias de Aramburu y Herrera se pagaron caros. El que más se equivocara perdía y aquí le tocó esta vez a la Vinotinto cargar con esa cruz. Los charrúas celebraron a rabiar el triunfo y la clasificación al Mundial. Las culpas deben ser asumidas con seriedad. La tiene el técnico que parece se dejó presionar para mover piezas, la tienen varios jugadores que cometieron errores. Hay tiempo de enmendar.

 

La derrota en Montevideo no es el final no hubo «centenariazo. A Venezuela le quedan dos tiros en el cartucho para gastar en septiembre. Le toca bailar con dos «feas» , la albiceleste que tiene el ticket al Mundial 2026 en sus manos y los «cafeteros» que pueden tomar el boleto en la próxima fecha.

Ir a Argentina a buscar lo imposible es una opción, la otra es ganar el último duelo ante Colombia en casa, eso sí ahora hay que mirar de reojo y ligar que Bolivia no sume, para ello toca rezar para que Colombia eche una mano en Barranquilla ante «la verde» y que Brasil también lo frene en el Alto.

Habrá que prender velas y tener el rosario en la mano.