NELSON ALTUVE

Con lo ocurrido en la novena etapa en Rubio los organizadores de la carrera le terminaron de poner la guinda a la gran torta de la edición 61 y siendo este el gran reflejo del despelote que existe tanto en la ATC que dirige Ruben Osorio y el Comite encabezado por Gregorio Freites.

No se merecía el pueblo de Rubio ni esta ya maltrecha Vuelta 2026 una nueva afrenta. Lo sucedido en la mañana del sábado cuando empezó mal con la justa protesta de los pedalistas y que pese a los correctivos hechos, pues finalizo de la peor forma.
Los ciclistas principales actores del espectáculo se cansaron de tantos desaciertos y estallaron. No se puede competir sino existen las mínimas condiciones para garantizar la integridad física de los competidores.
Por eso, el medio centenar que sobreviven hicieron frente común y tomaron la decisión de poner freno a sus ganas de pedalear y evitar más percances como los ocurridos en etapas anteriores.
Lo de Rubio rebasó la copa y muestra el otro lado de la competencia. Porque no es solamente sentarse a planear como sumar cifras, sacar provecho y obtener buena tajada. Hay que también mirar el estado de la vialidad, supervisar y exigir el aporte para que haya plena seguridad vial y eso pasa por unas carreteras inmaculadas.
No había sucedido algo así, desde por allá en 2014 cuando la Vuelta salía en  su primera etapa desde San Fernando de Apure con un circuito. La gente de la ATC que dirigía Fernando Carrero se confio de la palabra del entonces gobernador de esa entidad y llegado el día, se revisó el trazado encontrando una vialidad desastrosa. No hubo etapa y los apureños se quedaron con las ganas de ver el espectáculo.
Luego la ATC perdió autonomía sobre la carrera y su organización se delegó a personajes ligados al gobierno central que terminaron de dar al traste con la calidad de la competencia. En los últimos años vimos como anunciaban etapas hacia Mérida sin ruborizarse del maltrecho paso por Onia, cerca a El Vigía. Para la ATC y el CO era más importante cumplir los caprichos del ministro del Deporte que la integridad de la caravana.
Son muchos años en el mismo trajín. De hecho ya la Vuelta  había tomado como una necesidad tan esperada no por ver el paso de los ciclistas sino que eso garantizaba unos pequeños arreglos, aparecía el asfalto y con ello el bacheo. Y Rubio también lo esperaba, aunque no llegó nunca y aunque las autoridades municipales lo solicitaron, el ente que debe velar por esas labores (IVT) nunca llegó con un operativo. Fue como una especie de castigo para ese pueblo rebelde, que no se doblega y no se dejó meter gato por liebre. Rubio esperó tanto la Vuelta y le salieron con tremendo fiasco.
Mientras sigan pensando que una Vuelta fue un éxito porque lucen coloridas chaquetas, pantallean en el podio, sus jefes los aplauden y apoyan, está carrera se irá al garete.
Queda el cierre de la edición 61. Por donde se le mire no fue lo mejor aun así la afición saldrá a respaldar a esos ruteros que pusieron todo. Para ellos el aplauso. Este domingo 18 baja el telón de un giro que necesita de un cambio total que pasa primero por sacar de la rueda a los nefastos dirigentes de turno.