En horas de la madrugada de este 20 de marzo se conoció la infausta noticia del fallecimiento del entrenador y dirigente del ciclismo tachirense Porfirio Ortega. Para pocos Porfirio, para muchos el coyote Ortega un incansable trabajador del deporte de las bielas.
Porfirio sucumbió a los estragos de un enemigo repentino que nos privó de verlo en la pasada Vuelta al Táchira y en las primeras competencias de este año donde su entrega era total, ya fuere de ciclista, entrenador, masajista, chofer, aguatero, consejero, estratega, pistero, rutero, cronometrísta, dirigente y sobre todo, trabajador a tiempo completo.
Porfirio era de los imprescindibles en los campeonatos nacionales. Si iba era una tormenta y si por cualquier circunstancia no asistía, era preguntado por todos los rincones del escenario deportivo. Su carácter lo dejó en la primera posición. Explotaba cuando creía que las cosas se estaban haciendo fuera del reglamento.
Ayer nos encontramos con mucha gente del ciclismo en su velorio. Gente que asistió a rendirle tributo a un hombre terco, impulsivo, original. Su personalidad no variaba cuando había que ir a hablar con el presidente de la Federación, con el ministro del deporte o cuando había que enseñar al ciclista. Allí estaba su verbo encendido para dirigir y tratar de explicar el proceso o la petición.
“El coyote fue un todo terreno”, dijo una de las tantas voces asistentes la noche del 20 en Táriba y eso lo sabíamos porque compartimos trabajo, angustias y satisfacciones en la organización de las vueltas al Táchira donde fungió de presidente de la ATC.
Una de las tantas anécdotas que lo describen fue la decisión que tomó cuando el equipo femenino estaba listo para competir en los Juegos Deportivos Nacionales año 95 de Cumaná y no hubo espacio en el avión de la Fuerza Aérea que finalmente trasladó al grueso aurinegro hasta el estado Sucre. En esa oportunidad el “Coyote”, poseía un vehículo Renault o “Renoleta” muy pequeño y allí montó al equipo y arrancó.
Estando en Cumaná, degustando un café con el “Papucho Osman Pulgar”, vimos llegar la renoleta de la cual empezaron a descender las chicas que traían encima varias ruedas. Una, dos tres, cuatro, cinco y hasta seis, más el coyote. “Este coyote las tiene cuadradas dijo el entrenador de la Lotería del Táchira.
Ese modelo ya no vuelve. Por eso nos invade la nostalgia.. Descansa en paz, vuela alto, hazlo a tu manera, total ya eres libre.. hasta la próxima Bip-Bip..